Julio 18th, 2019
12/07/2019 - Sociales, Upsocl

Lobo marino vivía con un neumático atrapado en su cuello. Ya es hora de que tomemos conciencia

La serie de terror pasará al formato antología, reciclando personajes pero manteniendo el tono.

La serie de terror de Netflix, ‘The Haunting of Hill House», fue para muchos la gran sorpresa de este escalofriante género. No solo por los momentos de real terror y palpable stress, sino que también por lo bien que estaba construida. Uno podía notar que no era una serie armada solo para dar sustos, sino que buscaba ser catalogada como una serie de calidad. Tenía personajes, narrativa y una historia llena de detalles y personalidad, lo que volvieron inevitable que Netfix invirtiera en una 2da parte. 

Los productores no han hecho ningún esfuerzo por ocultar los detalles de su progreso hacia una segunda temporada. De entre lo que ya sabemos, es que el nombre de esta segunda temporada será «The Haunting of Bly Manor». Como sugiere el título, no será una secuela directa de la primera historia. Aunque es probable que uno que otro personaje tenga una reaparición. 

Envés de eso, la serie adoptara el formato de serie antológica. En estas se mantiene el tema y el estilo, pero la historia y el casting cambian por completo. Algo muy similar a la aproximación que hizo famosa American Horror Story.

De la familia Crain, la que sabemos que volverá es Neil, aunque los productores han sugerido que no será la misma persona que conocimos. Por otro lado, la actriz Victoria Pedretti es la única actriz cuyo casting ha sido oficialmente confirmado. Carla Gugino ha sugerido que podría regresar a la serie, aunque ni ella misma tiene alguna idea de qué personaje le tocará interpretar. 

La fecha de estreno no está tan clara como para tener mes y día. Sin embargo, los creadores ya anunciaron que llegará el próximo año. Si siguen con esta tendencia de mantener bien nutridos de información a los fanáticos, es probable que dentro de pronto recibamos la confirmación, cosa de que podamos reservar la fecha en nuestros calendarios y anunciar en nuestros trabajos que estaremos enfermos ese día. 

Ahora que Stranger Things ya fue vista por prácticamente todo el planeta (y cómo no, si sigue siendo una de las series más adictivas del mundo de Netflix y el streaming en general), necesitamos saciar nuestro síndrome de abstinencia de series tan escalofriantes como divertidas. Para lograr ese cometido, «The Haunting of…» es una de las mejores opciones que tenemos.

Ahora, sí lo que buscas es llevarte un buen susto, no te pierdas «Midsommar«. Es la película del terror que tiene al público con pesadillas. ¿O quizás te da demasiado miedo?

 

Dicen que nuestro primer amor es nuestro padre, y que si ese no funciona los siguientes tampoco. Al menos de acuerdo a la experta Linda Nielsen.

Sería genial conocer el secreto de qué hay que hacer para que las relaciones personales funcionen. Más allá de saber que en ambas personas deben poner de su parte muchas veces hasta la diferencia más mínima puede generar una ruptura.

Nadie dice que sea imposible pero ciertamente es difícil, en ocasiones toca salir de la zona de confort por complacer a tu compañero o compañera de vida. Con la intención de que no te eches a ti toda la culpa, la profesora en educación de la Universidad de Wake Forest y experta internacionales en relaciones padre-hija Linda Nielsen, tiene un punto importante que destacar:

De acuerdo a su artículo en Psychology Today aquellas hijas que crecen con padres presentes, que están al pendiente de ellas, en un entorno de confianza suelen tener una muy buena vida romántica. Nielsen explica que estas chicas tienen menor tendencia a la promiscuidad e incluso un número reducido de parejas sexuales y de enfermedades de transmisión sexual.

Cuando dejan la adolescencia y llegan a la adultez, suelen tener confianza y seguridad, buscan menor amor, atención y cuando tienen pareja comprenden más la mente masculina.

¿Y las que no tuvieron figuras paternas?

Acá viene el detalle, si no tuviste una figura paterna según la profesora eres más propensa a tener relaciones difíciles, se incurre más en el divorcio, más posibilidades de ser tímida o agresiva.

También se conforman con poco o tienen expectativas demasiado altas, al no haberse sentido amadas pequeñas desean que quien se les cruce por el frente les de atención, aprobación y adoración.

La profesora da el ejemplo de una persona hambrienta, con hambre uno compra cualquier chatarra, recomienda tener mayor calma y no desesperarnos al estar solas, para hacer mejor ‘inversiones’ así sean de tiempo de vida.

Recordemos que puede ser algo basado en promedios pero toda regla tiene sus excepciones, no es razón para liquidar a la profe ni para darse golpes en el pecho por no haber tenido un padre presente, nosotros forjamos nuestro propio futuro.

Cómo aprendí a vivir tanto en mi mundo ideal, como en el real.

Supe que me casaría con Cristina a los cinco minutos de haberla conocido.Yo no podía dejar de mirarla y ella no podía dejar de oírme. Luego intercambiábamos roles. Competir era una pérdida de tiempo: cada uno tenía una manera, un estilo para interpretar lo que sentíamos y queríamos hacer sentir al otro tan particular, que no podíamos evitar maravillarnos ante lo que teníamos al frente. Nuestra relación fue creciendo a la velocidad de la luz. Un día éramos amigos, el siguiente confidentes, luego compañeros íntimos, y así hasta que ya no pudimos encontrar más razones para no convertir lo nuestro en lo que siempre fue: un romance en busca de su oportunidad para surgir. 

Todo fue tan sencillo, qué a ratos me preguntaba si no estaba dejándome estar. Las cosas en la vida requieren esfuerzo y trabajo, o algo así me habían enseñado que funciona el mundo. Pero con Cristina me sentía un heredero al trono. Ella tampoco parecía necesitar mucho esfuerzo. Éramos dos jóvenes dejándose llevar por lo inevitable que era lo que sentían uno por el otro.

No decidimos apurarnos ni saltarnos ningún paso. Ambos sabíamos que lo nuestro tenía el combustible suficiente como para visitar con calma cada momento y etapa de las relaciones, pudiendo incluso guardar souvenirs de varias de ellas.

Como soy una persona frugal y acostumbrada a hacerle frente a la adversidad, estaba algo preocupado. Lo nuestro llevaba demasiado tiempo funcionando bien. No era que no hubiera problemas, sino que estaban demasiado bien ocultos. En mi experiencia, es mejor atacar un problema lo antes posible. De otras maneras, solo se le da tiempo para que se nutra, crezca y madure.

Creí que lo había encontrado luego de una discusión especialmente aguerrida que tuvimos, a solo meses de firmar el matrimonio. Pero lo fortalecida que emergió nuestra relación luego de este conflicto me obligó a descartarlo. Solo con el tiempo me di cuenta que el problema no estaba en ella o yo, sino que en el resto.

Me costó notarlo, pero el problema estaba frente a mis narices. Cristina y yo funcionábamos así de bien como pareja porque teníamos nuestro mundo propio. Incluso diría que era una país, una especie de nación aislada en la que se habla una lengua propia, se tienen costumbres únicas. Esto no era malo en sí mismo: después de todo, nos habíamos sacado la lotería de las parejas. 

El problema fue cuando tuvimos que inevitablemente abrir las puertas de nuestra nación aislada. A los pocos meses de confirmado nuestro matrimonio, su familia y la mía fueron admitidas a nuestro dichoso mundo paralelo.

Como temía, el problema había tenido el tiempo suficiente para incubarse. Ahora estaba por todos lados, al punto de que comenzamos a vivir bajo su sombra. La dinámica que teníamos con Cristina no aguantaba interferencias, ni segundas opiniones, correcciones o consejos. Nos gustaba tanto dar en el clavo como equivocarnos. Mientras lo hiciéramos juntos, el destino no era tan importante como el viaje. Pero cuando me vi enfrentado al obsesivo nivel de orden que su madre imponía en cualquier cocina a la que entraba, y Cristina al trato de la edad de piedra que mi padre tenía con cualquier persona que no fuera un hombre gordo, brutal y que también hubiera huido del comunismo, todo se complicó. 

Cuando nos habíamos recuperado de la invasión de uno de nuestros suegros a nuestro mundo personal, nos tocaba prepararnos para la visita del otro. Un cumpleaños en que los tuvimos a todos juntos fue el día que creí que todo llegaba a su fin. Fue específicamente un comentario de su padre, reaccionando a la manera en que el mío pellizcaba las uvas de nuestro parrón, que causó que la madre de Cristina buscara refugio en la mía, la que malentendió catastróficamente mal el gesto .

Si pudiera elegir, hubiera dejado que ambas familias extendidas solucionaran por sí mismas el problema. Lograr un escenario de destrucción mutua. Una vez recuperamos la soledad del hogar, nos dimos cuenta que nos queríamos sacar los ojos. Cada uno sentía como culpable al otro.

No aprendimos nada ni crecimos como personas luego de la pelea que tuvo lugar. Nos acostamos los dos con los puños apretados y lágrimas secas en las mejillas. A la mañana siguiente, sobre un desayuno tenso y silencioso, abordamos el tema que ya no podíamos evitar.

Teníamos que hacer algo con nuestros respectivos suegros.

Atacamos el problema de la manera en que lo hacíamos con todo el resto de las cosas: con paciencia, calma y diálogo. Llegamos incluso a reservar un par de horas al día para planear la recuperación de nuestra idílica soledad. Desde irnos a vivir al extranjero a simplemente dejar de contestar sus llamados, todas las posibilidades pasaron por nuestras manos. 

Finalmente no llegamos a ninguna solución. O más bien, llegamos a demasiadas, pero ninguna que fuera aplicable a la realidad. Solo fue cuando dábamos vida a la decimotercera fantasía escapista, que Cristina dejó de hablar. En lugar de las palabras, una sonrisa se tomó su cara. Se había dado cuenta que la solución a nuestro problema era exactamente esa: asumir que no podríamos eliminar a nuestros padres de nuestra vida. Pero que sí reservábamos una parte de ella solo para nosotros, un espacio donde nadie más pudiera entrar, quedaríamos lo suficiente satisfechos como para soportar cuantas visitas quisieran darnos. 

Así aprendimos que por muy perfecto que fuera lo nuestro, no hay forma de que viviera por sí mismo.

Como lo puso Cristina, si nuestra relación era un animal en peligro de extinción, no sacábamos nada con aislarlo. Debíamos protegerlo, pero asumiendo su rol en el ecosistema. 

 

 

No quiere compartir ni un poquito de su cariño.

Muchos podrían pensar que los perros no son celosos y adorarían tener un compañero con quien jugar. Sin embargo, si bien muchos pueden aceptar a un nuevo integrante en la casa, a varios les puede costar hacerlo en un principio…

En especial porque se suelen aferrar a sus dueños, pues sienten protección y se hacen parte de su vida. Y seamos honestos, a nadie le gusta perder el cariño de alguien a quien ama.

Bien lo sabe este perrito, que hace todo lo posible por ser el único y gran amor de su dueño. Y a la primera amenaza que sienta, no duda en reaccionar.

Da igual si es un ser vivo o no.

Es obvio que no está dispuesto a transar su amor.

De acuerdo a las imágenes difundidas por su dueño, él quiso ponerlo a prueba con un peluche. Lo mimó y le entregó amor tal como acostumbra dárselo a su mascota… y si bien a su perro parecía no interesarle, lo cierto es que estaba luchando por no demostrárselo y no exponer sus sentimientos…

Cuando en realidad no podía más de celos.

Fue tanto, que terminó por arrebatarle al peluche de sus manos, en un intento desesperado por ser solo él quien captara su atención. Incluso cuando su dueño intentaba defender a su «enemigo», él seguía intentando morderlo.

Mira aquí la divertida escena:

¿Sigues pensando que los animales no tienen sentimientos?

“Repudiamos enérgicamente a quiénes hacen de este planeta un basurero” publicó en Facebook la Fundación Fauna Argentina, quienes lograron, después de varios días, liberar al animal.

La contaminación por basura es uno de los efectos negativos más visibles del hombre en el planeta. Cada vez queda más claro que en la actualidad hay un manejo inadecuado de los desechos, sin embargo pareciera que a nadie le importa cuidar el lugar donde vivimos.

Al menos así lo han demostrado numerosas imágenes que han dado la vuelta al mundo.

Una de ellas fue tomada hace solo algunos días en Argentina, donde un lobo marino figura en la reserva del puerto de Mar del Plata, con nada más y nada menos que un neumático atrapado en su cuello.

No es un collar ni parte de su look, es una trampa mortal.

Es basura que nosotros mismos desechamos sin importarnos ni la flora ni la fauna, ni los daños al ecosistema, ni absolutamente nada.

Por suerte para este animal, la Fundación Fauna Argentina estaba allí para rescatarlo. Si bien en un principio parecía urgente liberarlo, luego se comprobó que el neumático no estaba poniendo en riesgo la vida del animal, así que tras un par de días de intentos y de elaborar distintas estrategias que permitieran deslizar el elemento sin lastimarlo, por fin pudieron quitárselo.

«Estas trampas mortales son producto del mal accionar de los ciudadanos. Esa cubierta no está en ese cuello porque sí, está allí porque alguna persona la descartó. Repudiamos enérgicamente a quiénes hacen de este planeta un basurero» escribió la agrupación a través de su cuenta de Facebook, intentando hacer un llamado a la conciencia de los seres humanos.

Además aprovecharon de exigir respeto por su labor, ya que actúan como voluntarios y los gastos salen desde sus propios bolsillos.

Y a modo de incentivar a otros a colaborar, aprovecharon la instancia para hacer una invitación: «la reserva se limpia una vez por semana, si no es del gusto del turista, 9.30 nos juntamos voluntariamente todos los sábados a sacar la basura que los SUCIOS arrojan, los invitamos a sumarse y dejar el lugar como todos lo soñamos: LIMPIO».

Nota original de upsocl

También te puede interesar: