Septiembre 21st, 2019
19/05/2019 - Musicales, Rolling Stones

Festival Nuestro 2019: pacífica convivencia del rock barrial, trap, hip hop, folk, electrónica y pop

En el predio de Tecnópolis se escucharon voces diversas, desde El Kuelgue a Miss Bolivia Fuente: LA NACION – Crédito: Santiago Filipuzzi
Cuando ya era la noche y ya la lluvia estaba cayendo sobre el predio de Tecnópolis, quedaba claro que la decisión estratégica de elegir como shows principales en el escenario Afuera (el principal en el exterior) recaía en tres nombres potentes y, sobre todo, femeninos:
Juana Molina,
Nathy Peluso y
Miss Bolivia.
Estamos hablando

del festival Nuestro

en su versión 2019, de aquél que volvió a suceder en Buenos Aires y a convocar voces diversas, disimiles pero, a la vez, posibles de congeniar en una propuesta que intenta dar cuenta (desde su nombre) de una identidad. Por supuesto, tamaña tarea es imposible: la nuestra (¿identidad argentina? ¿identidad nacional?) no existe como tal. Está estallada. Por eso, en todo caso, lo que se puede es nuclear un espectro tan amplio y variado como el que dio lugar el sábado y permitió una pacífica convivencia a propuestas de todo tipo (rock barrial, trap y hip hop, folk, electrónica, pop).
Así, justo antes del cierre de El Kuelgue, mientras las gotas contribuían al tono épico de la foto final de las mujeres protagonistas, Miss Bolivia pidió la selfie con su público, que coreaba “aborto legal, en el hospital”. El escenario estaba teñido de verde: “es la luz verde que necesitamos, el 28 de mayo todos ahí”, arengaba ella en referencia a la nueva presentación del nuevo proyecto para la Interrupción Legal del Embarazo en el Congreso. Y el mensaje quedaba clarísimo: “Tomate el palo patriarcado”, pidió la cantante, jugando con el título de uno de sus temas más famosos.
Paz Ferreyra estaba vestida de negro con ribetes flúo. Y hasta en eso las muchachas produjeron una pintura en composé, porque Nathy Peluso se vistió antes de blanco- cisne a lo Björk y Juana Molina eligió un vestido elegante y rutilantemente azul.
Nathy Peluso conquistó a la audiencia Fuente: LA NACION – Crédito: Santiago Filipuzzi
Si el tono de Miss Bolivia y Peluso era combativo y feminista, las coreografías tuvieron un lugar crucial en sus presentaciones. Bienvenidas fueron. La cumbia y la protesta de Ferreyra fue celebrada y bailada por el público, siempre en pos de la diversidad y de la no violencia, como la canción “Paren de matarnos”.
Antes, la argentina-españolizada Nathy Peluso saludó: “Buenas noches, mi querida Buenos Aires”. Y, también, su esquema de voz potente y de mixturas latinas, jazz, trap y salsa se impusieron en la noche que se vivía en las orillas de la Ciudad. ¨Gracias por recibirme y quererme¨, también dijo. Y pasaron sus hits, como “Corashe”, “Natikillah” y” La Sandunguera”. Ya había hecho lo propio Juana Molina, con su propuesta consolidada en Argentina y en el mundo, desde la solidez de una carrera que comenzó (allá lejos y hace tiempo) con ella como una actriz brillante y que alcanzó el mismo brillo en su otra vocación: la música.
Del lado de adentro, al resguardo del agua y la intemperie, cerraba la noche Dancing Mood. Y lo hacía a pura fiesta, de la mano del trompetista y líder de una de las propuestas más originales de los últimos años, que se impuso a puro ska y reggae instrumental. El otro plato fuerte de este escenario sucedió justo antes, con la presentación de Las Pastillas del Abuelo. Conducida por Piti Fernández, la banda de rock celebró la cotidianidad y el barrio junto a al público que los sigue desde sus inicios, hace más de quince años.
Desafiando el chaparrón
El Chango Spasiuk, presente Fuente: LA NACION – Crédito: Santiago Filipuzzi
Más temprano, cuando el sol era el ser más deseado de una tarde de sábado con mucha actividad al aire libre, los puestos de peluquería y tatuajes fueron los más concurridos. Mucho más que los de hamburguesas y bebidas.
Para las 14.30 las canciones por momentos calamarescas de Guas se mezclaban con la voz de un instructor que hacia elevar los brazos y elongar a un puñado de adeptos a las actividades físicas sanas. Y en el escenario principal montado al aire libre, la propuesta electro-étnica de Kaleema largaba su último tema, antes de que, entre flores y jacarandaes Ainda Duo reforzara el toque folk pop hacia el que ha virado y se ha afianzado su sonido, en el último tiempo.
El sol no resultó un espejismo sino algo muy real pero el pronóstico no era alentador por eso se tomaron algunas precauciones, como desdoblar el escenario Intimo. Así funcionó con Guas e Hijas de Tigre, afuera, y el stand up de Carlos Bisignano y Los Prendidos Fuego (con sus mamelucos de colores, tan noventosos, al estilo Sometidos por Morgan) en la sucursal Intimo bajo techo.
Lo que se puede es nuclear un espectro tan amplio y variado como el que dio lugar el sábado y permitió una pacífica convivencia a propuestas de todo tipo
Otra vez afuera: nubarrón a la izquierda, resolana a la derecha y en el centro un escenario con los Militantes del Climax, que oscilaron entre el disco-soul instrumental de cepa Jamiroquai y un funk con cierta dialéctica del jazz en la sección de brass y gestos Earth Wind & Fire, que fue sustento para un rap muy vernáculo (el “hip hop del pogo” como dice “El origen del gen”, una de sus canciones). Su show fue una de las perlas vespertinas del Nuestro 2019.
El peregrinaje de un escenario a otro fue el de cualquier otro festival. Mucha gente para escuchar el rock de Cruzando el Charco; tímida respuesta al pop bien directo de Francisca Valenzuela.
Manuel Moretti, líder de la inoxidable banda Estelares Fuente: LA NACION – Crédito: Santiago Filipuzzi
La noche le fue ganando al sol y a la tormenta
con la poética siempre tan particular de Manuel Moretti (entonaba “Días oscuros, tan necesarios, si no me hubiese hundido hoy, no hablaría el amor”), cuando la banda Estelares subió al escenario del microestadio.
Un rato después
el chamamecero Chango Spasiuk apareció con las polcas de su tierra misionera, pero en la reciente versión electrónica, esa que surgió de su sociedad con Chancha Via Circuito. En el show de Estelares no faltaron hits como “Un día perfecto”; en el de Chango, esas músicas de tierra adentro, recontextualizadas.
Afuera pasaba el chaparrón y, después, la muy festiva banda colombiana Monsieur Periné que, con sus canciones bilingües (franco-castellanas), puso al público otra vez en movimiento y se llevó algunos de los mayores aplausos de festival.
Algunas conjeturas finales
Como en los premios Gardel, las mujeres fueron protagonistas en el Festival Nuestro, en plan solista o como líderes de bandas (de Kaleema, Ainda Dúo, Monsieur Periné o Hija de Tigre a Hana, Francisca Valenzuela, Eli Almic, Silvina Moreno, Juana Molina, Nathy Peluso, Dakillah y Miss Bolivia). Más allá del reclamo por la cuota femenina sobre los escenarios hay otra lectura posible: que las cantantes se imponen por su propio peso artístico cuando tiene algo interesante que decir y eso repercute de la mejor manera en los demás.
El Festival Nuestro representa un todo, aunque no todo nos identifique de la misma manera ni en los mismos horarios
En cuanto a la forma de decir, en la escena de la música actual, bandas como El Kuelgue (su tema “Parque acuático” es una perlita) y Militantes del Climax rapean desde este Sur de una manera muy localista mucho antes de que se intentara encontrar en el trap el futuro de la música argentina.
El Festival Nuestro representa un todo (de Nathy Peluso y Dakillah a estas bandas de muchachitos) aunque no todo nos identifique de la misma manera ni en los mismos horarios. Los festivales de música son fotografías sonoras o vidrieras de una escena determinada en un tiempo determinado. Más allá del éxito comercial que se tenga, la capacidad para reflejar la escena presente debería ser considerada como un mérito. Demostrar algo distintivo (y nuestro), también.
Por:
Mauro Apicella y Silvina Marino

Nota original de RollingStones

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