Mayo 27th, 2019
25/04/2019 - Musicales, Rolling Stones

El fin de una era: los solos de guitarra en peligro de extinción

St. Vincent, una de las artistas que todavía le dan un papel preponderante a la guitarra
A los dos minutos de “Outta My Head”, el tema de disco-pop de la estrella de R&B Khalid, emerge un sonido ajeno y extraño. Es algo fuera de tono que repite la melodía durante aproximadamente 15 segundos antes de esfumarse en el fondo.
¿Podría ser que.? Sí, ¡es un solo de guitarra!
El solo en el disco de Khalid, tocado por John Mayer, es una de las formas en las que este artista que cruza géneros exhibe una vez más su visión omnidireccional. Pero, en 2019, no hay dudas de que ese momento de ostentación de la guitarra, uno de los componentes más prominentes y primales del rock & roll, es una especie en extinción. En los lanzamientos más recientes de los grupos de rock -o adyacentes- más mainstream de nuestra época -Imagine Dragons, The 1975, Twenty One Pilots- podés escuchar un montón de bases y programaciones, pero casi ninguna guitarra, ni mucho menos algo que se le acerque a la tradicional técnica de
shredding. Y si bien hay elementos de rap-rock, rock alternativo de los 90 y emo que cada tanto aparecen en el pop, el hip-hop y el R&B modernos, rara vez lo hacen con guitarras. Si escuchás una pausa o transición en un tema de pop -“Bad Guy”, de Billie Eilish, por ejemplo- es más probable que sea algún tipo de sintetizador o teclado.
Los pocos momentos de guitar-hero recientes que dejaron una marca en la cultura ocurrieron en películas, y no en discos. En
Bohemian Rhapsody, el Freddie Mercury de Rami Malek presiona al Brian May de Gwilym Lee para que mejore su arreglo de guitarra original de “Bohemian Rhapsody”, pidiéndole que “ponga el cuerpo” en el arreglo. La imagen de un hombre frente a sus amplificadores, perfeccionando cada nota de su solo, parece más vieja que el propio rock; es como ver un ritual del antiguo Egipto.
A diferencia de
Bohemian Rhapsody,
A Star Is Born ocurre en el mundo musical de hoy, pero el Jackson Maine de Bradley Cooper tranquilamente podría estar operando en los 70 junto a Queen. Con sus aires de hombre serio y salvaje, Maine ya parece un fantasma del pasado del rock, especialmente si se lo compara con la música y el aspecto de la Ally más estilizada de Lady Gaga. La irrelevancia cada vez mayor de Maine se acentúa más cuando él y su banda tocan en una suerte de festival al aire libre, y lanzan su rock metalero “Black Eyes”. Hinchado y chorreando sudor, Maine baja la cabeza y arranca su solo de guitarra, balbuceando notas enfadadas con sus cuerdas. Uno supone que ese maltrato violento de su instrumento supuestamente simboliza su dolor interno, pero la escena también grita: Este tipo está tan acabado que incluso toca un solo de guitarra.
Durante gran parte de los más de 60 años anteriores, empezando por momentos como el tañido agudo de Scotty Moore en “Heartbreak Hotel”, de Elvis, la guitarra ha sido parte del ADN del rock. Se pueden ver algunos de los instrumentos responsables de ese sonido en “Play It Loud”, una muestra de instrumentos de rock inaugurada recientemente en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Se exhiben la guitarra que usó Jimi Hendrix en su hermoso shredding de “The Spar Spangled Banner” en Woodstock, la guitarra pintada de roja que empleó Eddie Van Halen en “Eruption”, y los varios instrumentos que usó Jimmy Page para parte de “Whole Lotta Love” y “Stairway to Heaven”. Pero el mero hecho de que esos instrumentos estén detrás de un vidrio en una muestra en un museo sólo refuerza la sensación de que el solo de guitarra como fuerza musical o cultural ya fue.
En el campo del rock y el pop del mainstream (y no del metal, donde el solo aún reina, ni del country, donde los guitarristas cada tanto se permiten hacer alarde de sus talentos), es difícil establecer cuándo empezó el espiral descendente de la guitarra. Durante un tiempo, era como si todos los éxitos del pop (“Beat It”, sin ir más lejos) tuvieran que tener un solo, lo cual les daba cierta credibilidad. Seguramente, la escena del rock alternativo de los 90 le dio el primer golpe. Kurt Cobain se permitió hacer un solo en “Come as You Are”, y Billy Corgan hizo que muchos críticos de rock usaran la frase “abandonar un solo”. Pero las texturas, las manchas y los movimientos poco ostentosos eran más prominentes que los destellos plásticos de la escena del hair-metal que el grunge y el rock alternativo habían reemplazado, reflejando las emociones muchas veces caóticas y complicadas de las letras de artistas como Cobain y Corgan. (De lo que recuerdo de las primeras veces que vi a Nirvana, Kurt ni siquiera caminaba hacia el frente del escenario para su momento individual). Los arreglos de guitarra en discos de grupos como Pavement agregaron un nivel mayor de ironía a la idea del solo, y cuando el hard-rock volvió durante el principio de los 2000, bajo la forma del nu-metal, los riffs de las canciones de Korn o los Deftones eran muchas veces más incompletos y dificultosos que el propio estilo de Cobain.
Quizás era inevitable que el solo de guitarra viviera más allá de su momento de utilidad. Después de tantos años e innovaciones, ¿qué puede ofrecer? ¿Qué no se hizo aún, desde Hendrix hasta Steve Ray Vaughn? Pero el ascenso del hip hop, la música dance y el pop moderno consolidaron la irrelevancia del solo. En esos géneros, las guitarras muchas veces están sampleadas, o se las usa solo como patrones rítmicos, pero los solos en general no existen. Fue elocuente que “Don’t Hurt Yourself”, la enmarañada colaboración zeppelinesca entre Beyoncé y Jack White en su éxito de 2016, Lemonade, no contaba con ninguna guitarra prominente.
Es igual de interesante notar que durante los últimos 15 o 20 años, los artistas que tocaban la guitarra de una manera reconocible por Jimi o Stevie, estaban confesamente mirando hacia el pasado. Durante la primera década del siglo, White y Dan Auerbach, de los Black Keys, sacaron al solo de guitarra de la morgue. Los solos de White en particular eran frenéticos, extenuados, certeros, y el nuevo single de Black Keys, “Lo/Hii”, cuenta con un solo ligero y sinuoso de Auerbach. El disco actual de Gary Clark Jr., el bluesero-rockero de Texas,
This Land, lo encuentra rechazando los clichés del guitar-hero, pero de a ratos arroja montones de arreglos serpenteantes en canciones como “Low Down Rolling Stone”. Sin embargo, incluso en el rock que suena retro, la guitarra se ha convertido en un ciudadano de segunda categoría. “Ready to Let Go”, de Cage the Elephant, tiene el solo más corto y menos guitarrero que pueda haber; suena como si una guitarra slide estuviera aprendiendo a silbar, y termina antes de que te des cuenta de que había empezado. Su nuevo single, “Goodbye”, es una balada apoyada sobre un piano.
Más allá del sonido, es difícil no pensar que la tradición es una reliquia cultural y musical: ¿Hay algo más masculino y (en gran medida) blanco que un solo de guitarra? Por otro lado, en los Grammy de este año, dos mujeres se inscribieron en esa tradición con momentos genuinos de guitar-hero. Durante sus interpretaciones en vivo, tanto Annie Clark (St. Vincent) como la artista de R&B H.E.R. volaron con respectivos solos sucintos y elegantes, lo contrario de la estridencia machista.
El abordaje de Clark a la guitarra es menos ostentoso y más textural; sus frases y ocasionales solos no se anuncian tanto, sino que se mezclan con los arreglos, lo cual tiene sentido para alguien cuyas influencias en cuanto a la guitarra incluyen a gente más sutil como Robert Fripp y Marc Ribot. “Cada dos o tres años, alguien dice que la guitarra ha muerto”, dijo el año pasado. “Y sencillamente no es el caso. La van a reinventar, y los ciclos van a continuar. La guitarra jamás se va a morir.” Puede que el solo ya no domine la música como alguna vez, al igual que el propio rock, pero con ayuda de gente como Clark, quizás vuelva a huir de su entierro prematuro.
Por:
David Browne

Nota original de RollingStones

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