Julio 21st, 2019
20/03/2019 - Musicales, Rolling Stones

Pepe Cibrián Campoy: "Cristina Kirchner me parece una mujer brillante"

Acaba de estrenar La dama de las rosas, como director y protagonista, y a los 71 años se atreve a un desnudo total Fuente: LA NACION – Crédito: Marcelo Gómez
Lleva puesto cuatro anillos descomunales, las uñas largas bien pintadas; un manojo de pulseras y un reloj de su madre en la muñeca izquierda, camisa a rayas, pantalones rojos y zapatos de cuero acharolados de color bordó. “Hoy estoy sobrio. En realidad me lo puse porque le divierte a la gente, pero muchas veces no me pongo nada. Son etapas. Es más. Voy a ver si me voy a plaza Francia a vender todos los anillos, que son 240. ¿Vos usás anillo? Te regalo alguno”, dispara

Pepe Cibrián Campoy

sentado a una de las mesas del bar de Vitrum Hotel, en Palermo, donde citó a este cronista para realizar la entrevista.
Nos encontramos en la recta final antes del estreno de su última criatura, La dama de las rosas, flamante musical de su autoría con música original de Santiago Rosso, en la que interpretará a una mujer que son dos. “Es una historia que transcurre en 1920 en París, luego de la primera guerra, y está asociada con esta pelea por la posibilidad y la necesidad de elegir tu identidad. Opté por escribir una obra en la que hago de Josephine, duquesa de Chantal, una mujer que decide transmutar de una vida de encierro y desamor para, a través de Madame Agatha, su álter ego, complacer su necesidad de satisfacción personal. Las dos son la misma. Y en la escena final tengo un desnudo, completamente necesario”, anticipa el prestigioso actor, autor y director teatral, último eslabón de siete generaciones de artistas que vino a transformar la historia del teatro musical en la Argentina.
-¿A qué edad descubriste tu vocación?
-Desde siempre. De chiquito, a los seis años, mis padres tenían una casa muy linda en la avenida Alvear y Callao, y yo invitaba a mis amigos a jugar a los faraones. Claro que siempre el faraón era yo. Y volvían, porque les generaba inquietud, alegría. Luego quise estudiar para Papa. No para cura, para Papa, porque yo siempre quise ser protagonista, dirigir, proyectar, armar desde el juego, como una cosa lúdica. Me aboqué al musical, y me pasé veinte años sin que fuera nadie a verme, sin cobrar nada. Creo que toda la vida he amado esto. Y he tenido el privilegio absoluto de haber hecho siempre lo que me dio la gana.
-En el 1983 te asociaste con Ángel Mahler, y juntos sellaron una sociedad artística por casi tres décadas. ¿Por qué se separaron?
-Como una pareja, fuimos muy felices hasta que dejamos de serlo. Pero no puedo olvidar todo lo hecho, el haber compartido muertes de familiares queridos, el casamiento de sus hijos, todo ha sido maravilloso. Hoy estamos distanciados, porque en algunas cosas no estoy de acuerdo con él y otras él tampoco conmigo. Es un desacuerdo artístico, lo que pasa es que lo artístico es lo que nos unía. Así es la vida.
“No hay una moral universal. Y la sociedad va a tener que advertirlo de a poco”, entiende el actor y director Fuente: LA NACION – Crédito: Marcelo Gómez
-¿Qué es el éxito para vos?
-Hacer. Lo demás son circunstancias económicas, que uno ya no puede manejar. Es atractivo que a la gente le guste y, a la vez, te permite y facilita hacer otras cosas. Pero el éxito no es llenar una sala.
-A la luz de una extensa y prestigiosa trayectoria, ¿cuál fue tu mayor aporte al teatro musical?
-Haberlo hecho con artistas que no eran figuras. Generar una gran corriente de escuelas y cosas medio surrealistas, porque la verdad es que son muchas y no hay tantos musicales como para poder vivir del musical.
-¿Cómo ves el presente del género en la Argentina?
-Maravilloso. Se sigue invirtiendo cada vez más, este año se están estrenando una gran cantidad de obras comerciales, al igual que en el circuito alternativo, donde hay decenas de propuestas. Es maravilloso que, a pesar de la situación en la que estamos como país, se siga apostando por el musical.
El teatro comercial, sobre todo hoy, no deja espacio a los más jóvenes. Yo he tenido elencos de 120 personas, y hoy te tenés que arreglar con 16 actores
-¿Qué mirada tenés sobre los distintos circuitos teatrales en Buenos Aires?
-El teatro “alternativo” me fascina. La única contra que tiene es que los elencos no pueden conocer el camarín, porque veinte minutos antes ya están listos en un hall para salir mientras desarman la escenografía de la obra anterior, y cuando terminan se tienen que ir corriendo porque arman la obra que sigue. No hay tiempo de oler un camarín, de vivir esa vida mágica del teatro antes de salir al escenario. Respecto del teatro comercial, sobre todo hoy, la contra es que no deja espacio a los más jóvenes. Yo he tenido elencos de 120 personas, y hoy te tenés que arreglar con 16 actores. Antes había un productor que invertía, se ocupaba de vender las entradas, pero cada vez es más difícil. Y el teatro oficial me parece maravilloso, con una sola desventaja: no trasciende. No sé por qué, la promoción no abarca al gran público. El San Martín se llena y es muy bueno, pero no trasciende.
-¿Dirigirías un musical de Broadway?
-Dirigí
El hombre de La Mancha, por ejemplo, pero porque tenía la libertad de hacer lo que me diera la gana. Nadie me dijo que hiciera una puesta determinada. En cambio, para aquellos grandes musicales que todavía no han pasado por acá te exigen hacer lo mismo que se hace allá. Vienen con un chip y te dicen, mire para allá, y si no te fusilan desde Washington. Entonces las obras que ya están pasadas, como El hombre de La Mancha o Sweet Charity, solo cuando te dejan hacer lo que te dé la gana, me divierte.
-El año pasado hiciste públicas tus diferencias con Nito Artaza y Cecilia Milone a raíz del proyecto La Jaula de Las locas, en el que en un comienzo estabas como director y protagonista. ¿Por qué te fuiste?
-Las diferencias las tuve con Nito, no con Cecilia. Simplemente sucedió que con el paso del tiempo, me fui dando cuenta de que la visión de Nito como productor era muy distinta a la mía. Y llegó un punto en que esas diferencias fueron irreconciliables. Nito tenía una propuesta estética más revisteril, mientras yo ya había planteado una brutal historia de amor, muy profunda. Se ve que ahí hubo un desentendimiento que yo lamenté profundamente, porque es una obra maravillosa, y por no poder estar otra vez en el escenario con Cecilia.
Hoy en día el cáncer se previene, se trata y se cura. Con fuerza y con alegría se sale adelante
-Hace unos años te diagnosticaron un tumor, y después de hacer tratamiento pudiste superarlo. ¿Cómo viviste todo ese proceso?
-Hace dos años me hice un examen de próstata y me diagnosticaron cáncer. Mi oncólogo me confirmó que tenía el tumor y, a los tres días, me estaban operando. Lo agarré muy a tiempo, y por suerte, quiero decirle a la gente que hoy en día el cáncer se previene, se trata y se cura. Con fuerza y con alegría se sale adelante. Siempre traté de entender en qué me iba a modificar eso, para qué me pasaba ese horror. Y me cambió la visión de la vida. Desde entonces le resté mucha importancia a lo material. Ahora no tengo ganas de comprar nada. Hasta puse en venta mi casa.
-Te separaste de Santiago, tu marido, ¿es parte del cambio?
-Sí, seguramente la separación tenga que ver con todos esos cambios. No fue una separación traumática, no hubo engaños, ni mentiras, nada de eso. Después de 18 años siempre nos hemos atenido a nuestro compromiso. Pero el creció y necesitaba otro tipo de libertades, porque tenemos 27 años de diferencia, y yo lo entendí muchísimo. Yo también necesitaba otro tipo de soledades. Pero somos familia, nos amamos, de hecho no nos hemos divorciado, ni pensamos hacerlo. A lo mejor un día volvemos a vivir juntos como familia, pero no desde ese otro rol.
-El debate en el Congreso sobre el matrimonio igualitario fue un momento histórico, cuando diste tu opinión públicamente y pusiste tu propia historia en primer plano. ¿Cómo ves hoy a la sociedad respecto de la aceptación de las minorías, de las diferencias?
-Igual. Quizás hubo un pequeño avance. Pero es un proceso muy lento. No hay una moral universal. Y la sociedad va a tener que advertirlo de a poco. Lo mismo que pasó con la ley de divorcio. No lo veré yo, ni vos, pero de a poco se irá modificando. Es un paso que la vida va llevando, porque es inevitable.
Renault echó a 1600 personas y el Gobierno dice que hay 700 mil puestos nuevos de trabajo, entonces no me cierra
-¿Cómo te definís políticamente hoy?
-Agnóstico (ríe).
-¿Qué opinás del presidente Macri?
-Renault echó a 1600 personas y el Gobierno dice que hay 700 mil puestos nuevos de trabajo, entonces no me cierra. ¿Por qué no dicen la verdad? Qué lástima que no digan la verdad, porque les hubiese sido mucho más fácil. Frente a eso digo: qué horror, qué poca sensibilidad que pretendan cerrar las escuelas de noche, que le bajen la jubilación a los jubilados. o que hagan de la calle Corrientes un símbolo de la deshumanización. ¡Con ese dinero, limpiá el Riachuelo! No, se hace la calle Corrientes otra vez, que es al pedo totalmente, no sirve para nada. Es tirar millones y millones.
-¿Y de Cristina Kirchner?
-Me parece una mujer brillante. La admiro por su cabeza, por su pensamiento. Es un gran talento. Pero si realmente se prueba que vaciaron el país, no estoy de acuerdo. Si así fue, creo que ella tenía conocimiento de esto; y si lo permitió, por más que no se lo haya quedado ella, es tan grave como si lo hubiese hecho. Pero insisto, creo que es una mujer de un nivel superior. Y le tengo un gran cariño como persona.
-¿Ves algún candidato que te seduzca para las próximas elecciones presidenciales?
-No. Me interesa Lavagna, me parece un hombre inteligente. Fabiana Ríos, que fue dos veces gobernadora de Tierra del Fuego, es una mujer honesta. También me encanta María Eugenia Vidal, la votaría, pero dicen que no va a ser candidata.
-¿Es verdad que hacés terapia desde los 18 años?
-Sí, es un ejercicio como la gimnasia. La vida es mutable, y yo puedo resolver el problema con vos, pero luego me viene el problema con él, luego me viene un cáncer, luego la separación, luego el país. Hoy sé que hay cosas que no se resuelven nunca, ni aún con 400 años de terapia, pero aunque no las puedas resolver, las podés ver. Tengo miedos metidos en mí que son de mi madre, como el miedo a la pobreza. Y, además, tengo un psiquiatra. Me tienen que medicar por todo lo que me pasa por la cabeza, que no para. Es un horror. Me dicen: meditá, y no puedo meditar un carajo porque se me cruza de todo.
-En mayo cumplís 71, ¿qué balance hacés?
-¡Qué suerte todo lo que he vivido! Lo malo de llegar a los 70 años es no haber vivido un coño. Pero cuando pienso en mis 70, veo la cantidad de obras que hice, y mis padres, y la vida, y la gente. Entonces está bien, porque es un proceso que detrás está lleno, no viví al pedo mis 70 años. Y los tengo. qué voy a hacer. Qué suerte poder tenerlos. Podría hacer teatro en silla de ruedas y no me importa nada.
La dama de las rosas. Libro y dirección de Pepe Cibrián Campoy. Miércoles a viernes, a las 20.30; sábados, a las 19 y a las 21.30; domingos, a las 19. Cultural San Martín,Sarmiento 1551. Entrada, 350 pesos; miércoles, 150 pesos.
Los hitos de su carrera
1978 – Aquí no podemos hacerlo fue su primer gran trabajo; generó empatía en el público y tuvo un elenco brillante: Mihanovich, Cores, Pal, Pashkus, Milevos
1983 – Con el estreno de Calígula burló a la dictadura en una obra conceptual y metafórica que rompió los cánones del teatro musical de la época.
1989 – El Teatro San Martín le abrió sus puertas con una de sus mejores obras: Invasiones inglesas, donde puso en juego su ironía y humor ácido
1991 – Drácula no solo fue su gran éxito sino un hito en la historia del género. Éxito total en el Luna Park, fue el origen de un furor por la comedia musical
2012 – Su unipersonal “no musical” Marica mostró su mejor faceta como actor y fue clave en la difusión de la ley de matrimonio igualitario
2014 – Descolló en su primer trabajo en un musical de Broadway: Priscilla, la reina del desierto, en la que se puso los tacos altos
1983 – Con el estreno de Calígula burló a la dictadura en una obra conceptual y metafórica que rompió los cánones del teatro musical de la época.
Por:
Alejandro Rapetti

Nota original de RollingStones

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