Septiembre 21st, 2018

Trump es más un bilateralista que un proteccionista

Por Marcelo Elizondo (*).-

Se cumple un año del inicio de la Presidencia de Donald J. Trump, el 45° presidente de los EEUU (el primer septuagenario en iniciar un mandato y el 7° presidente republicano desde la Segunda Guerra Mundial -plazo en el que hubo 5 demócratas-).

Pocos primeros años en el ejercicio de un mandato presidencial estadounidense han sido tan controversiales. Trump es un hombre de contradicciones. Considerado un opositor a la inmigración (ilegal) está casado con una inmigrante; es el presidente más viejo en la historia y se comunica como nadie en el modo de los millenials (a través de Twitter y despojado de todo protocolo); es un millonario que le habla a los trabajadores tradicionales; criticado por aspectos de su vida íntima, defiende los valores religiosos tradicionales; prefiere que las empresas estadounidenses no privilegien negocios en el resto del mundo cuando -como empresario- él ha dirigido sus empresas a negocios en unos 20 países; promete el “América First” pero ha devuelto a los EEUU a grandes discusiones internaciones (desde Irán y Corea del Norte, hasta “la madre de todas las bombas” en Afganistán y el acorralamiento de ISIS; incluyendo sus críticas a organizaciones internacionales como la OMC y la ONU, el abandono del tratado de Paris -referido al cambio climático- y sus quejas contra los tratados comerciales internacionales como el NAFTA o el TPP).

Ha sido un primer año con popularidad menguante (es el quinto presidente en la historia que gobierna tras haber ganado obteniendo menos votos que su adversario en las elecciones, pero ganó esas elecciones superando a su rival en dos tercios de los estados de la unión, lo que muestra su fuerza en la “América profunda”).

Ha sido, en este primer año, extravagante -directo, polemista, pendenciero-, ha abrazado consignas propias de la historia de los republicanos (reducir impuestos, desregular la economía, desburocratizar y descentralizar, impulsar la inversión, avanzar en infraestructura) aunque a la vez -y en contradicción con ello- ha postulado peligrosos manifiestos proteccionistas impropios de su partido. Es personalista, anti establishment, y ha cambiado relevantes miembros de su propio gabinete con inusitado apuro. Generó controversias con las minorías (y con muchas mujeres), fue beligerante con la prensa tradicional y el mundo del espectáculo, e impulsó su “veto migratorio” contra los inmigrantes ilegales.

Pero los resultados no avalan demasiado a muchas críticas. Pese a que en estos días en el mundo la publicación de los dichos hace más ruido que la publicación de los datos, hay que decir que en 2017 el PBI de EEUU creció más que en el último año de la presidencia de B. H. Obama (2,5% contra 2,1%) y la previsión para 2018 es de otro crecimiento de 2,5%. La tasa de desempleo ha sido de solo 4,1% en 2017 y se prevé un 3,9% en 2018 (fue 4,7% en el último año de Obama) y la inflación se ha mantenido en solo 2% (se prevé para 2018 un 1.9% y había sido de 2,1% en el último año de Obama). El índice Dow Jones, mientras, superó en 2017 el record histórico de 26.000 puntos.

Y el tan remanido comercio internacional (sometido a críticas emitidas desde un supuesto proteccionismo -que no se ha confirmado en la realidad-) ha crecido (¿paradójicamente?) durante el primer año de Trump: las exportaciones se elevaron hasta 1.415.084 millones de dólares (en los hasta ahora medidos 11 meses de 2017) desde los anteriores 1.324.941 millones de dólares (en 11 meses de 2016), lo que implica un alza de 6,9%. Y (lo que es más relevante considerando los temores a las posturas críticas hacia la estructura del comercio internacional de Trump) las importaciones estadounidenses crecieron en los 11 meses medidos hasta hoy (enero/noviembre de 2017) hasta 2.139.714 millones de dólares (desde los anteriores 1.950.295 millones de dólares en igual periodo de 2016), por lo que han crecido 9,7%.

Aún no se publicaron los datos de diciembre pero todo confirma que el comercio de ida y vuelta anual crece y que a la vez, el déficit (crónico) comercial también se elevó, hasta 724.693 millones de dólares en 11 meses (crece 7,5% en el periodo medido).

Pero la gestión de Trump es una tarea de contrastes. Las controversias sobre la relación pre electoral con Rusia (que entre otras cosas llevó a la conflictiva renuncia de Michael Flynn), las disputas con su otrora mentor ideológico Steve Bannon y las (supuestas) diferencias hechas públicas con su Secretario de Estado (Rex Tillerson) sobre cómo proceder ante las diferencias graves mantenidas con Corea del Norte; muestran una mezcla de tacticismo exacerbado, asunción de riesgos al máximo nivel y notable peculiaridad en el manejo de la cosa pública.

Aun en ese marco, Trump ha llevado adelante más transformaciones en tan poco tiempo que muchos de los anteriores presidentes. Así, mientras ha logrado no pocas victorias políticas como la designación del muy elogiado Neil Gorsuch como juez de la Corte Suprema, obtuvo la aprobación del principal proyecto económico de su presidencia: fue sancionada en el Congreso hace pocas semanas la profunda reforma impositiva que prevé una sustancial rebaja en la tasa de impuesto a las ganancias a las empresas, desde 35% hasta 21%. Esta reforma también genera una baja desde 39,6% a 36% al impuesto a la renta individual de personas, crea incentivos para la repatriación de inversiones estadounidenses que están en el exterior y reduce el impuesto a las sucesiones (aunque como compensación se reducen varias causas de deducción del pago de impuestos a las ganancias).

Y, como contracara (siempre las hay en el caso que no ocupa), y en lo que implica más una crítica al multilateralismo que al comercio internacional en sí, la principal modificación con el statu quo comercial internacional fue la salida de EEUU del Trans Pacific Pertnership y la convocatoria a sus socios del NAFTA a renegociar el acuerdo (re negociación aun en trámite). Trump es más un bilateralista que un proteccionista, no es un ideólogo sino un resultadista, no es un esteticista sino un duro práctico -con las ventajas y desventajas que tienen esas condiciones- y, en esto, el presidente juega entre extremos. Un ejemplo de ello es el hecho de que mientras quiere evitar lo que llama “comercio injusto”, en lo que principalmente critica duramente a China -y sus subsidios-, a la vez y ante la potencia asiática -más allá de las rígidas críticas emitidas durante la campaña electoral- decidió negociar y acordar mecanismos para reducir los desequilibrios comerciales bilaterales especialmente durante dos días de reuniones privadas con el presidente Xi Jimping en la residencia particular de “Mar A Lago” en Florida.

Sus posturas en relación al comercio internacional han trascendido fuertemente en el resto del mundo pero hay que admitir que Trump mantiene condiciones que no puede poner en resigo, como el hecho de que EEUU, mientras sigue siendo el segundo principal exportador del mundo, generando 9,5% del total de las exportaciones mundiales (China es el primero); a la vez (EEUU) sigue siendo el principal importador de bienes del planeta (importa casi 15% del total mundial -China es el segundo importador del planeta-). Pero por su parte y en lo que muestra un estructural liderazgo en la nueva economía, EEUU (la economía más tecnologizada del mundo) es por lejos el mayor exportador mundial de servicios (15,5% del total mundial), superando a China cómodamente (EEUU es también el principal importador de servicios -10,5% del total mundial-).

En la relación con Argentina, en este primer año de la presidencia de Trump el comercio bilateral se ha mantenido en buenos niveles, aunque el principal golpe ha sido la restricción al ingreso a EEUU del biodiesel argentino (que en términos de relevancia no podrá ser compensado ni de cerca por la reincorporación de Argentina al Sistema Generalizado de Preferencias). Si bien aún no contamos con todos los datos de 2017, la estimación es que las exportaciones argentinas a EEUU llegarán a unos 4.500 millones de dólares (es el tercer principal mercado para Argentina en el mundo). Sin embargo la relación para nuestro país es -desde hace mucho tiempo- muy deficitaria y las importaciones en 2017 llegaron a unos 8.200 millones de dolares. Las principales exportaciones argentinas a EEUU son químicos, metales, material de transporte y alimentos; y las mayores importaciones desde EEUU son químicos, maquinas, minerales y material de transporte.

En su condición de contradictorio, de hombre de dichos fáciles y acciones repetidas, de transformador en ocasiones descuidado y poco sutil, de riesgoso jugador sobre la cornisa, de hombre que juega con cosas sensibles, de generador de fuertes claroscuros (que hacen que los estadunidenses lo elogien fuertemente y lo critiquen fuertemente a la vez); Trump ha sido en su primer año en la Casa Blanca un presidente que se ha llevado la atención de todo el mundo. Un generador de energía política, un provocador y un hacedor, un poco cuidadoso afectador de valores, un trapecista más que un equilibrista, un fuerte modificador de realidades.

Queda entonces por verse si prevalecerá el plan de cambios para modernizar la economía o la generación del descontento popular emergente (que le puede hacer perder el control del Congreso en las elecciones de medio término del próximo noviembre).
Lo cierto es que el mundo ha cambiado. La política también. Y en EEUU como en ningún otro lado.

(*) Director de la consultora “DNI” y profesor e investigador del ITBA

Nota original de ambito

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