Febrero 25th, 2018
17/10/2017 - Locales, Punto Biz

Puso un negocio de película y después de 34 años se le anima hasta a Netflix

(Por Ariel Echecury). Vivió a pleno el fenómeno del rubro, llegó a tener cuatro locales y hoy es la única da pelea en el centro. 
En tiempos de reinado de Netflix, los servicios on demand y formatos digitales, todavía hay quienes dan pelea con un clásico: el videoclub. Hace 34 años, de la mano del boom del VHS, Silvia abrió las puertas de Premier, el último gran comercio del rubro que sigue adelante en el centro rosarino.

 

“Está duro, llegué a tener cinco computadoras para cargar datos, siete empleados, tres cadetes, y cuatro distintos locales. Ahora todo eso cambió. No soy de pensar mucho en el futuro, pero sé que voy a continuar porque me gusta estar en contacto con la gente y con el video te metés un poco en la vida de cada uno”, cuenta a punto biz Silvia Bozzi, al frente de Premier, hoy ubicado en Santa Fe 1663, en pleno Paseo del Siglo.

 

A fin de mes, en el barrio bajará la persiana Mirada Alternativa, el video club más grande en dimensiones de la ciudad. En 2016, cerraron los otros dos que quedaban de la misma cadena; el primero en la esquina de Mitre y 3 de febrero le dejó su lugar a un local de motos; y el de Presidente Roca 870, fue reconvertido en un punto venta de la franquicia Tecnópolis, negocio de comercialización de insumos y artículos tecnológicos.

 

El de Silvia, junto con Videoteca -el otro comercio tradicional del rubro que sigue en pie- son los dos grandes sobrevivientes de un negocio que supo ser un verdadero fenómeno. Abrió sus puertas en 1985, en San Juan y España, en un época en que “África Mía”, “La historia oficial” y “El último tango en París”; rankeaban alto entre los VHS más buscados por una muy numerosa clientela. Tal fue el boom que Premier inauguró nuevas sucursales; sobre calle Santa Fe (muy cerca de la actual), Córdoba y en el resto bar Open Pringles, la cual llegó a abrir durante la madrugada.

 

“En los picos del video, era una locura. Cuando abrimos aquel primer fin de semana, al lunes siguiente tuvimos que ir a comprar a Buenos Aires más películas, porque nos sobrepasó la demanda. Todo el mundo empezaba a consumir y comprar VHS, después vino el cable y empezaron los altibajos”, recuerda Bozzi que arrancó el negocio junto a otros dos socios y que en 2000 se separó y quedó sola al frente de la marca.

 

Con la aparición del DVD, el videoclub volvió a sacar la cabeza y alcanzó un nuevo pico. Allí fue que proliferaron las grandes cadenas, como Blockbuster, que arrancó con fuerza pero terminó desapareciendo. “En la buena época, pasaban 700 personas por fin de semana, era notoria la cantidad que venía de diferentes barrios de la ciudad, además de los vecinos que eran un montón”, apunta.  

 

A pesar de que el negocio está lejos de los tiempos de esplendor y entre las nuevas tecnologías y la piratería, el alquiler de video parece una práctica en vías de extinción; Silvia aún mantiene una buena base de clientes y confía en seguir adelante. “Disfruto acomodar películas, atender a un cliente, recomendar, tratar que le guste y vuelva, que pase un buen momento. Tengo aquel que viene puntualmente todas las semanas, el que necesita un material para una clase, el que consulta, los grupos de amigas no tan chicas que se juntan a ver una película, los fanáticos del cine europeo que no encuentran lo que buscan en Internet y más”, dice.  Y aunque con humor, asegura que va a seguir “hasta que Netflix me deje”, a Silvia ganas le sobran. 

 

Nota original de Punto Biz

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