Diciembre 14th, 2017
12/09/2017 - Sociales, Susana

Perros: amigos a primera vista

Tres historias de amor incondicional que confirman lo que ya muchos sabemos: un perro puede ser el más fiel y generoso compañero que encuentres en tu vida

 

“Billetera”, dice Nicolás y Sofía, su perra labradora de asistencia •como si entendiera el idioma• camina hasta la mochila, la abre, pellizca para sacarla y se la deja en el regazo. Él le acaricia la cabeza y la premia con alimento. Así de simple, ella lo ayuda, le alcanza objetos, va adelante guíandole el camino. “Me asiste en todo y está pendiente. Modificó mi realidad, con ella siempre puedo algo más”, relata.

Nicolás Stupenengo tiene 43 años, es cineasta y en 2006 sufrió un accidente que le lesionó la médula, dejándolo cuadripléjico y obligado a utilizar silla de ruedas de por vida. Sofi tiene 2 años, hace uno que vive con él. En Buenos Aires, una ciudad hostil para las personas con discapacidad, ella logra que su día a día sea más llevadero.

Dentro del departamento y sin el chaleco de trabajo, Sofi es juguetona e inquieta. Apenas Nicolás le ajusta la pechera, se transforma en una perra concentrada y atenta a su dueño. “Desde el primer momento en que nos conocimos tuvimos una gran conexión, algo pasó entre nosotros, una especie de simbiosis”.

Gracias a su labradora y a su propia tenacidad, Nicolás sigue produciendo y filmando películas; practica rugby en silla, entrena tres veces por semana y es empleado en el Poder Judicial del Gobierno de la Ciudad. “Yo sé que después de unos años, los perros de asistencia pierden la voluntad de trabajar. Cuando llegue ese día igual seguiremos estando juntos. Ya no me imagino la vida sin ella, Sofía es mi familia”.

 

Águeda tiene 34 años y vive en el conurbano bonaerense con sus padres y sus dos hermanos. Hace un año tiene junto a ella a Delfina, la perra labradora que posiblemente haga realidad su sueño de independizarse. La que la tapa a la noche cuando se va a dormir. La que le apaga la luz. La que le levanta el cuello cuando sus músculos no responden, le saca las medias y hasta le desabrocha la campera.

Águeda sufre atrofia muscular espinal desde el día en que nació, es Licenciada en Administración Hotelera y tiene los ojos muy claros, casi transparentes. Su enfermedad le fue quitando poco a poco la capacidad motriz, pero su desarrollo intelectual es completamente normal. Delfi tiene 3 años y duerme a su lado, y basta que ella diga: “¡Junto!”, para que la labradora se quede tiesa a su lado, mirándola fijo.

“Cuando supe que la Fundación Bocalán ofrecía perros en la Argentina, enseguida me comuniqué. Lo nuestro fue amor a primera vista. Yo siempre digo que el perro elige a uno y no uno al perro. Delfi me miró y se quedó fija en mí, y yo me morí de amor. Fueron 15 días de adaptación y a partir de la primera noche que durmió en casa, me cambió la vida”, recuerda Águeda.

 

“Kamba llegó a nuestras vidas hace tres años y desde entonces Felipe tuvo un cambio radical en su comportamiento. Con ella es más receptivo, se conecta, juegan a la escondida, corren en el parque. No son una perra y un niño, son amigos profundamente conectados”, cuenta Gisela, su madre, para quien la llegada de esta labradora adiestrada para estar al servicio de chicos con autismo fue una gran ayuda.

Felipe tiene 7 años y Trastorno del Espectro Autista (TEA). Hasta el año y medio de edad su desarrollo fue normal, luego sus padres comenzaron a notar cambios en su conducta, problemas de irritabilidad y dificultades para dormir. El autismo hizo que a Felipe le cueste socializar y expresar lo que quiere y necesita, ya que perdió por completo el habla. Sus padres cuentan que apenas pisaban la vereda, él salía corriendo en cualquier dirección, sin rumbo y a toda velocidad. “Era muy complicado”, recuerda Federico, su padre.

A partir de la llegada de Kamba, Felipe duerme mejor, puede ir a eventos sociales con su familia y eliminó sus conductas de fuga en la calle, porque Kamba se queda a su lado, lo frena, lo guía y lo contiene. Salir a pasear en familia dejó de ser un drama y pasó a ser un momento de placer para todos.

“Ella lo relaja. Tiene una personalidad cuando están juntos y otra cuando está solo. Para un chico con autismo, que necesita que lo incentiven porque le cuesta mucho socializar, un perro es una ayuda enorme”, sintetiza Federico..

Nota original de susana

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