Noviembre 21st, 2017
10/09/2017 - Sin categoría

PASIÓN RUNNER: las lesiones, el fantasma de los corredores

A todos los que corremos, el “parate” nos resulta una pesadilla. Pero una cosa es no salir a correr por falta de tiempo o ganas, y otra muy distinta es enfrentarse a una lesión que exige frenar lo que tanto nos gusta hacer.

Sin embargo, identificar y asumir el problema es el primer paso para solucionarlo: negar la realidad no hará más que complicar la situación. Acá va una pequeña guía de las cosas que pueden pasarnos a los corredores, para estar alerta y saber cuándo es el momento de recurrir a un profesional.

El impacto contra el asfalto, la sobrecarga, la mala pisada (o con calzado inadecuado), la falta de un entrenamiento supervisado (o una técnica incorrecta al correr) y el sobrepeso son factores que ayudan a la aparición de muchas dolencias.

La rodilla del corredor es una de las zonas que más padece. Nos referimos a la tendinitis de la cintilla iliotibial y/o a la condromalacia rotuliana (también llamado síndrome femoropatelar). En criollo significa que la rótula se desplaza de forma incorrecta a lo largo de la hendidura del fémur (surco femoral). Esto irrita el surco y desgasta el cartílago que está abajo de la rótula. La rodilla duele hacia el centro o la parte posterior, y a veces hasta puede hincharse.

Patricia Melgarejo (MN 14.350), licenciada en Kinesiología y Fisiatría de la UBA, explica que cuando el cuadro se agrava, la rodila duele con sólo caminar o flexionar la pierna.

Entre las tendinitis más comunes que sufren los corrredores están la rotuliana y la de la pata de ganso. Esta última es la inflamación del tendón de inserción de los tres músculos que están en la parte lateral interna de la rodilla.

Cuando el dolor aparece en la zona de la tibia (entre la rodilla y el tobillo) puede tratarse de una periostitis tibial. La molestia suele incrementarse cuando uno sale a correr, y muchas veces pasa que cuando la pierna “entra en calor” el dolor va cediendo. El impacto del running, correr en terrenos muy duros o deficiencias en la técnica provocan un desequilibrio, generando más presión en zonas donde la pierna se resiente.

Melgarejo cuenta que otras lesiones muy comunes son la osteocondritis y la fascitis plantar. Los extremos de nuestras articulaciones están recubiertos por un cartílago que permite que la superficie de deslizamiento entre huesos sea lisa. Cuando hablamos de osteocondritis nos referimos al desgaste del cartílago. Esta patología tiene varios niveles.

En los casos más graves, el cartílago se rompe dejando a la superficie del hueso sin protección, provocando muchísimo dolor y una limitación en los movimientos. En cuanto a la fascitis plantar, se inflama el tejido que une el talón con los dedos del pie. Se presenta con un dolor agudo en la parte interna del talón y es sumamente molesto, porque es una dolencia que se presenta en cada pisada.

Patricia hace hincapié en la importancia de la entrada en calor antes de cada entrenamiento y en la elongación al terminar, ayudando a relajar los músculos. En casos donde sometemos al cuerpo a una sobrecarga -sumado a inoportunos malos movimientos- pueden presentarse las contracturas musculares, que a veces terminan en desgarros. El tejido del músculo se rompe, provocando dolor.

Muchas veces va acompañado de una hemorragia por la rotura de los vasos sanguíneos, y eso se hace evidente como un hematoma en la zona afectada. Cuando esta lesión le pasa a un ligamento, hablamos de un esguince. La licenciada Melgarejo recomienda que, ante alguna molestia de este tipo, en primera instancia se haga reposo y se aplique frío (crioterapia) a la zona afectada. Pero siempre es fundamental entender que seguir forzando el cuerpo a pesar del dolor puede complicar más el panorama.

Por eso es recomendable ir a un buen especialista, quien evaluará y analizará el diagnóstico con estudios (resonancia magnética, tomografía o ecografía).

Nota original de TN

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