Agosto 23rd, 2017
07/09/2015 - Canchallena, Deportes

La Maradona de la natación: es argentina y se consagró campeona del mundo en Nápoles

 Pilar en el podio. Ya había ganado en el 2010, 2011 y 2014. “Nunca soñé con tanto”, dijo. 
 

“Toda mi vida soñé con ser campeona del mundo, pero nunca con lograrlo cuatro veces.” Pilar Geijo suena de la única manera posible, feliz por lo que acaba de conseguir, uno de los grandes hitos del deporte argentino del año: consagrarse campeona mundial de natación en aguas abiertas por cuarta vez.

“Creo que todavía no soy consciente de lo que logré pese a que incluso ya había sido bicampeona con los títulos de 2010 y 2011”, explica desde Nápoles; o más precisamente desde un hotel ubicado a diez cuadras del estadio San Paolo, aquel donde brillara otro campeón del mundo, Diego Maradona . “Acá mostré una foto mía con él y me aman”, se ríe quien fue la noticia del domingo en la ciudad del sur italiano tras ser segunda en la última maratón acuática del calendario, la mítica Capri-Nápoles, que tiene una distancia de 36 kilómetros.

Incluso con el tercer puesto le hubiera alcanzado para coronarse, pero Pilar dice que no había espacio para confiarse: “Lo mío es nadar fuerte y no hacer tantos cálculos. Pero el nivel es tan alto que sabía que podía ser segunda o sexta. No especulé”. Así pudo coronarse en el Grand Prix FINA: le sacó cinco puntos en la general a la italiana Alice Franco. Y completó el cuarteto de títulos mundiales, ya que también había sido campeona en 2014.

Nadar hasta por 8 o 9 horas, con corrientes, olas y aguas frías, no es para cualquiera. Y ella explica cómo lo hace. “Se necesita de todo. Mucha mentalidad, sí, pero a este nivel es más que lo psicológico. Se entrena mucho, hay que estar muy preparada porque te duelen hasta los huesos”, comenta. “Si a una persona que no es el ambiente le decís que nadaste 8 o 9 horas no entiende, te pregunta si paraste en el medio, si comiste. Y yo, la primera vez que corrí la Santa Fe-Coronda (57 kilómetros), terminé y dije ‘nunca más’. Mirá ahora dónde estoy…”, relata.

Las pruebas generan cansancios tan extremos que obligan a los nadadores a crearse atajos mentales para poder llegar. Las historias de motivación son variadas, como cuando le mostraron un cartel que decía Mascherano y ella se sintió el Jefe en el agua; cuando imaginó un naufragio y ella debía llegar a la costa para avisar; o simplemente cuando vio flamear por horas la bandera argentina desde el bote que la acompañaba. Esta vez, a días de cumplir 31 años (el 19 de septiembre), fue distinto. “Fue una carrera en la que me di cuenta que ganara o no iba a ser feliz y eso me dio tranquilidad. Estoy en un punto de madurez que siempre soñé. No me creo tanto las victorias ni me bajoneo con los malos resultados. Ser campeona del mundo es importante, pero más es tener salud, compartir momentos con quienes uno quiere y ser una buena persona”, explica con sabiduría.

 La selfie de la tetra con el galardón. A punto de cumplir 31 años, está en su madurez. 

Pili aprendió a nadar a los seis años. “Por seguridad”, rememora. Pero a los ocho ya era federada y deslumbraba en la pileta de GEBA; a los 15 encontró en las aguas abiertas su lugar en el mundo. “Arranqué a los 15 porque me atrapó nadar distancias largas, donde todo es más impredecible. Me divierten las adversidades. Debés tener un carácter especial, ser paciente, manejar la ansiedad, saber tomar decisiones y arriesgarte”, comenta quien tiene tatuada tres estrellas y al volver al país irá por la cuarta.

Geijo es una chica con inquietudes. Apenas le falta aprobar cinco materias más para recibirse de contadora pública nacional y ahora empezó a estudiar Periodismo Deportivo en el Instituto River Plate, el club que representa. “Me saqué diez en fútbol”, cuenta, sonriente. “El estudio es esencial para la vida. Cuando escucho a otros nadadores justificarse que no estudian porque no pueden por los tiempos yo les digo: ‘No me vengas con ese cuento que yo me rompo el alma para poder hacer todo’. De la natación, si tenés suerte y sos talentoso, podés vivir unos años, pero después se acaba la fiesta. Además el estudio te abre la mente, te relaciona con gente”, razona.

Sus inquietudes no terminan en ese punto. Gracias a La Huella, un programa de ayuda solidaria, puede elegir una institución por año para destinar ayuda económica a través de su sponsor personal. “Estas iniciativas le dan sentido a nuestra carrera deportiva, nos permiten cerrar el círculo”, valora.

ae/gm.

Nota original de Canchallena

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