Junio 28th, 2017

La Argentina, casi ausente en un congreso clave para el medio ambiente

Esta ciudad de Durban, en Sudáfrica, bañada por las aguas del Índico luce con tanto orgullo su Centro Internacional de Convenciones (CCI) como el estadio Moses Mabhida, construido en 2010 para disputar el mundial de fútbol. La selección de Diego Maradona no llegó a jugar aquí como tampoco jugará la Argentina ningún partido en el Congreso Forestal Mundial, que anoche -al tronar de la temible vuvuzela-, se ponía en marcha. En el CCI habrá más de 3.000 delegados de casi todos los países pero los argentinos se cuentan con los dedos de una mano.

La explicación es triste pero clara: la política pública argentina le está dando la espalda al sector forestal, que no sólo no logra terminar de definir los niveles de protección necesarios de los bosques nativos sino que está involucionando en materia de bosques implantados, ya que la cantidad de árboles que se plantan cada año son menos de los que se cosechan. Con tan poco para mostrar, la delegación argentina viene aquí casi con vergüenza. En el país, dicen los que saben, hay territorio como para contar con 5 millones de hectáreas de nuevos bosques. Pero hace años que se implanta solo 20% de ese potencial. Y retrocediendo.

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Hay dos leyes claves en materia forestal y ambas se están cumpliendo a destiempo y mal. La 26.631 es la que regula los llamados bosques nativos y establece que las provincias debían hacer su inventario para saber el estado de situación actual. Curiosamente todavía falta al trámite Buenos Aires, gobernada por el candidato presidencial oficialista. En el resto, hasta ahora se sabe que hay 53 millones de hectáreas de bosques nativos que se deberían preservar. De eso, son intocables sólo 10 millones de hectáreas (categoría roja), mientras que 31,7 millones deberán contar con planes sostenibles (categoría amarilla) y hay 11,3 millones susceptibles al desmonte (categoría verde).

En el mundo se marcha hacia la protección de los bosques nativos simplemente porque se sabe que son una herramienta clave para enfrentar el calentamiento global y el cambio climático, que provoca inundaciones como la que acaba de padecer la pradera pampeana. Aquí, en Durban, se discutirá sobre eso. Pero la Argentina casi no está. Su Secretaría de Ambiente emitió un informe donde señaló que el 21% de los Gases del Efecto Invernadero (GEI) a nivel local eran causadas por el desmonte. En el último bienio, 188 mil hectáreas se habrían perdido por esas razones, y 73 mil de ellas estaban ubicadas en las zonas prohibidas. Antes, entre 2006 y 2013, se habìan deforestado otras 2,7 millones de hectáreas.

Bosques en la provincia de Salta. Necesitan protección.

Una alternativa para compensar esos faltantes sería plantar árboles en otra regiones, forestar. Pero tampoco aquí se viene cumpliendo con la Ley 25.080, de promoción de los bosques cultivados. Esta segunda gran herramienta establece beneficios para quienes asuman el desafío de sembrar ahora un árbol que recién dará frutos económicos en muchos años. Uno es la estabilidad fiscal. El otro son subsidios para que los pequeños forestadores puedan cubrir hasta 80% de su inversión. En este capítulo el Estado argentino también esté haciendo agua: ya adeuda 125 millones de pesos de expedientes vencidos y para el Presupuesto 2016 contempló la asignación de apenas 100 millones, cuando las autoridades del área afirman que serían necesarios unos 400 millones anuales.

Sin el presupuesto necesario, sucede lo que sucede: según fuentes del sector, por primera vez en la Argentina se está cosechado más área implantada de la que se vuelve a implantar. En la actualidad hay cerca de 1,2 millón de hectáreas de bosques “artificiales”, que son los que atienden 95% de la demanda maderera local. Podrían ser cuatro o cinco veces más, como sucede en Chile, pero desde 1999 -cuando se sancionó aquella ley- no ha habido suficiente incentivo.

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Según la Secretaría de Ambiente, cada hectárea de bosques atesora 189,5 toneladas de Dióxido de Carbono, uno de los gases responsables del cambio climático. Definir cómo interactúa la forestación con el agenda que la comunidad internacional se dará en París, a fin de año, para enfrentar el calentamiento global es el principal tema de este congreso forestal organizado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). Suenan las vuvuzelas, pero la Argentina es apenas un convidado de piedra.

Nota original de Clarin

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