Agosto 18th, 2017
07/09/2015 - Canchallena, Deportes

Boca no sabe ganar cuando más lo necesita

 Foto: LA NACION 
/ Mauro Alfieri 

Definitivamente Boca no sabe ganar cuando más lo necesita. No se trata de sumar de a tres y nada más. Tampoco es cuestión de pensar sólo en la mala suerte, en que no tiene un futbolista destacado, que el rival lo golpea más de la cuenta o que algún irresponsable pueda inmiscuirse en la cancha y dejarlo fuera de una competencia internacional. Es un problema mucho más grande. Porque San Lorenzo no le ganó solamente con el gol de Matos: también lo lastimó con los 15 minutos de Ortigoza. Porque mientras Edgardo Bauza advirtió que poner al volante de la discordia del Ciclón era una herramienta psicológica y futbolística importante, Arruabarrena no pudo leer que el chico Bentancur debía salir, no por el último error que le costó la derrota, sino porque estaba agotado por lo bueno que había hecho antes…

Boca se bajó de la punta en el momentos menos oportuno, la antesala del superclásico con River. Pero ayer no se quedó vacío por casualidad ni por la historia; esta dificultad es casi un trauma. Y saben todos, el plantel y el cuerpo técnico, que nada será igual después de la visita al Monumental la semana próxima. Eso también representa un peso extra.

Cuando tuvo que dar la talla no pudo este equipo de Boca que, desde que llegó Arruabarrena, ostenta números magníficos: 37 victorias en 58 partidos y apenas 10 derrotas. Sin embargo, en los momentos más calientes, en los clásicos, le tiembla el pulso y queda muy golpeado. Las estadísticas en esos partidos especiales son algo extrañas, porque ya acumula 11 juegos ante equipos grandes, en los que apenas pudo ganar en dos oportunidades, empató en tres y cayó en seis. Podrían ser cuestiones frías y no reflejar nada; sin embargo, lo real y lo concreto es que la cabeza de este Boca está atada y cuando debe dar el salto se queda a mitad de camino.

No tener a Tevez, a Gago y a Lodeiro es posible que sea determinante, pero este equipo ayer demostró que tiene elementos para intentar jugar aun sin sus mejores figuras. Entonces, ¿por qué no gana? Porque le falta algo que no se enseña y no se puede entrenar: el temple para imponerse en los partidos en que más lo necesita. De lo que adolece es de la inteligencia para jugar sin los nervios que implica que un rival sea mañero. San Lorenzo le propuso oposición y contraataque. River, en las dos eliminaciones (en la Sudamericana y en la Libertadores), lo sacó a pura fricción y una presión asfixiante.

A Boca le falta picardía para capitalizar el dominio de la pelota. San Lorenzo, con sus formas, lo complicó demasiado y lo desnudó de una manera increíble. Y la gente lo advirtió mucho más allá del resultado final. Cuando Ortigoza pisó el campo de juego se miraron los hinchas porque sentían que de alguna manera ya estaban perdiendo. El Ciclón tenía a su jugador, ahí en el centro de la Bombonera, y los xeneizes tenían a los suyos bien lejos, en los Estados Unidos. Y ahora les duele más, porque los necesita para el determinante juego con River, pero recién podrá tenerlos el jueves próximo…

El impacto es demasiado intenso y por cómo se dieron las cosas ahora es apenas un detalle perder la punta del torneo. Lo realmente traumático es tener que jugar dentro de siete días contra River. Otra vez en el momento menos agradable y justo ante los muchachos de Marcelo Gallardo, que demostraron que saben muy bien dónde tocar a Boca para sacarlo de eje.

Sería muy simple suponer que se tratará sólo de la definición de un torneo lo que se podrá en juego para Boca. Arruabarrena y todo el universo xeneize sabían íntimamente que ganarle a San Lorenzo les daba una vida más si en el superclásico volvieran a sucumbir ante los millonarios. Hasta un empate con el Ciclón los dejaba en una situación de alta tensión para ir al Monumental. En este escenario, el futuro puede resolverse la semana próxima en Núñez.

No se trata sólo de fútbol lo que está poniendo en juego Boca cada fin de semana. Son muchos los intereses que se atienden a la vez. Daniel Angelici pretende continuar otro período como presidente del club, pero necesita de un buen resultado deportivo para poder sostener esa ambición. El mandamás xeneize apenas pudo disfrutar de una Copa Argentina durante su gestión y le pesan demasiado las eliminaciones de las Copas, sus peleas con la AFA y su renuncia a la vicepresidencia de la casa del fútbol argentino. Hasta hay quienes aseguran que un nuevo traspié con los millonarios no lo resistiría nadie.

A Boca le duele todo y le cuesta demasiado ganar fuera y dentro de la cancha. Justo en el momento más delicado..

Nota original de Canchallena

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