Junio 24th, 2017

Vivir con terror: denunciaron a sus ex parejas pero no tienen paz

A María se la escuchaba firme y segura mientras contaba sus años de maltrato junto a su ex marido y padre de su hijo. Habló largo y tendido dando montones de detalles sobre la relación, que empezó bien y se fue transformando en un calvario para ella y su hijo. Hasta aceptó gustosa hacer una foto, incluso bromeó con la posibilidad de que le mandaran una maquilladora. Pero al rato se arrepintió, de la charla, de la foto, de dar su nombre, de todo. “Yo se que puedo ayudar a otras mujeres si hablo y que él se merece esto, pero si me ve en el diario lo va a tomar muy mal”, “va a pensar que es una provocación”, “me va a matar”.

Así vive María, aterrada, dando vueltas en un círculo del que no puede salir. Ya sabe que no tiene la culpa de nada, que su ex es un violento y un maltratador. Por eso, por momentos tiene todo el aplomo del mundo, esa seguridad del que sabe que hace lo correcto y que el otro es el equivocado. Pero aparecen los fantasmas, el miedo real después de tantos “te voy a matar”. María denunció a su ex y la Justicia dispuso que no se le puede acercar a 300 metros. Pero viven cerca y ya se le apareció dos veces. Está cargada de nervios, con “terror físico”.

A esta mujer de 39 años le costó darse cuenta dónde estaba metida. Viene de una familia amorosa y de una pareja previa que se terminó por crecimiento a destiempo, no por falta de amor. “Al principio era encantador, yo estaba muy enamorada”. Por eso lo perdonó cuando en las primeras vacaciones juntos ella descubrió que tenía otra novia. Enseguida quedó embarazada, se casaron y se desenmascaró la agresión. El le mentía, le sacaba plata.

“A los siete meses de embarazo me di cuenta que estaba durmiendo con el enemigo”. Ni hablar del posparto. Ella estaba dolorida y cansada y él la hostigaba, la criticaba, la maltrataba, a cada instante. Cuando el bebé tenía dos meses ella se fue con el nene a vivir a la casa de sus padres para sentirse más protegida. El “te voy a matar” se volvió un latiguillo cotidiano. Así pasaron unos años. Ella sufriendo cada vez que el nene se va con su papá, porque “vuelve agresivo, nervioso”. El nene está en tratamiento y medicado. Se divorciaron y cuando hace poco ella pidió subir la cuota alimentaria él volvió a arremeter con toda su furia y sus amenazas.

María lo denunció en la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema. Ahora tiene restricción de acercamiento de 300 metros. “Tengo más miedo que antes. El se apareció en un acto del colegio, en un partido de fútbol en el club, a mí me agarró taquicardia, me terminé yendo yo, cuando eran días que me correspondían estar con mi hijo”. María vive a seis cuadras de su ex. Sabe que en cualquier momento se lo cruza y eso la hace vivir en un estado de ansiedad y nerviosismo permanente. Dice que ahora está un poco mejor porque hace terapia y hablar le ayuda mucho.

Otra mujer, también desde las sombras, habló con Clarín: “Desde que hice la denuncia tengo una causa civil y otra penal. La fiscal (penal) me dio un botón antipánico y una prohibición de acercamiento a mi persona y mi casa, y ahora que la causa se cerró (le dictaron una probation) el botón lo sigo teniendo y la jueza determinó seguir con la prohibición de acercamiento de 50 metros por un año y medio más. En el civil me dieron una prohibición de acercamiento de 200 metros por dos meses. Hace un mes hice otra denuncia y la jueza dictó otra medida de protección de 200 metros por tres meses. Cuando se vence tengo que pedir la renovación y ver qué dice la jueza… Nada de lo que la justicia tiene armado como mecanismo sirve para frenarlos cuando ellos se violentan…”.

“No hay fórmulas fijas, el juez toma la decisión en base a las características del caso. En general, se decide la medida de no acercamiento por 90 días que se puede renovar si subsisten las condiciones de peligro o si se hay nuevas situaciones. Pero hay medidas de 30 y de 180 días. En general se establecen a unos 500 metros del domicilio y puede incluir otros lugares, como el empleo. Si el hombre vive a una cuadra, hay que aplicar otro criterio, pero no está especificado en las normas”, explica a Clarín Natalia Gherardi, del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género.

La realidad indica que muchas mujeres han sido atacadas y hasta asesinadas por los hombres que tenían prohibido acercárseles. “Es imprescindible tomarse en serio los incumplimientos porque la experiencia indica que el momento posterior a la denuncia pone en peligro a las mujeres -dice Gherardi-. Hay que quebrar el mensaje de impunidad que rodea estos casos”.

Nota original de Clarin

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