Agosto 23rd, 2017

Los inmigrantes, una solución para el envejecimiento europeo

Miles de ciudadanos europeos están dando muestras de solidaridad con los refugiados. Austríacos que manejan 250 kilómetros en sus autos para llevar a personas hasta Viena. Alemanes, belgas, húngaros que donan ropa, comida, ayuda de todo tipo. Gente como el señor mayor belga que compró 500 mantas para los más de mil refugiados que duermen en el Parc Maximilien del centro de Bruselas. Pero no todo es solidaridad. Muchos europeos ven con suspicacia y desconfianza la llegada de miles de personas. En una época de crisis y con el desempleo en la UE rozando los 23 millones de personas, creen que esos nuevos llegados son competencia para encontrar empleo. Esa es una de las razones de la fuerza que van tomando los partidos de ultraderecha, como en Suecia, donde lideran las encuestas, en Dinamarca y Finlandia, donde fueron segundos en las últimas legislativas o en Francia, donde Marine Le Pen quedaría en las presidenciales por delante del presidente François Hollande.
Pero esos miedos, atizados precisamente por esos partidos que fomentan el odio al extranjero, podrían no tener base científica. Varios informes apuntan desde hace años a que la UE necesitará en las próximas tres décadas sumar unos 50 millones de trabajadores para mantener sus sistemas sociales debido al envejecimiento de la población europea. Alemania, el motor económico del continente, es el país con la edad media más alta del planeta tras superar a Japón. Sin inmigración, repiten desde hace años los informes de la Comisión Europea, la población europea descenderá poco a poco. Los peticionarios de asilo llegados en lo que va de año a la UE suman unas 300.000 personas, más del doble que en 2014 pero equivale apenas al 0,06% de la población total de los 28 países del bloque. Además, no todos se quedarán. Casi la mitad vienen de los Balcanes y esos, en principio, serán devueltos a sus países.
La inmensa mayoría de los refugiados y migrantes que están llegando a Europa son jóvenes. Eso significa, como constatan varios informes, que excepto a muy corto plazo su contribución a la economía será mayor que el gasto en ellos de los estados del bienestar. Esos estudios dicen que los inmigrantes tienen una tasa de emprendimiento empresarial mayor que los autóctonos. Y aunque muchos fracasen en sus negocios, muchos más saldrán adelante. También aseguran que comenten menos crímenes graves que los autóctonos y que aceptan cualquier empleo.
La ultraderecha cuenta a las clases pobres europeas que el inmigrante, como acepta cualquier salario, tira todos los salarios a la baja. Pero los informes demuestran que, excepto en una muy pequeña franja del mercado laboral, normalmente los migrantes hacen los trabajos que dejan de hacer los locales, por lo que estos ascienden en la escala laboral. Su llegada tampoco genera desempleo, como lo prueba que el Reino Unido haya incorporado desde 2004 a más de un millón de polacos y haya conseguido seguir reduciendo el desempleo, a la vez que subía el salario medio.
Una de las claves para que tenga éxito la integración será que los refugiados puedan trabajar lo antes posible, pero para eso habrá que cambiar leyes. Mientras países como Suecia les permiten trabajar en cuanto les dan los papeles y en cualquier sector laboral, otros les ponen limitaciones. Alemania les hace esperar tres meses, España seis y en Hungría sólo pueden trabajar en centros de retención de migrantes y refugiados. En el Reino Unido deben esperar un año para poder trabajar y solo pueden hacerlo en los sectores laborales en los que decida el gobierno.
Que empiecen a trabajar pronto, aunque sus condiciones laborales de inicio no sean ideales, tendría otros efectos beneficiosos, tanto para los refugiados como para los sociedades de acogida. Quien trabaja tiene algo de dinero, tiene en qué ocupar el tiempo y se mezcla con los ciudadanos locales, lo que le ayuda a integrarse y a aprender la lengua. La OCDE considera que “el desafío es reducir el tiempo necesario para que se integren al mercado laboral” y repite en sus informes que “ningún economista ha demostrado nunca una conexión entre inmigración y desempleo”.

Nota original de Clarin

También te puede interesar: